A propósito del lanzamiento en España de "El juego de Ripper"
C. A. G.
Aunque de baja estatura y constitución menuda, Isabel Allende no
responde al prototipo de septuagenaria frágil. Nos recibe, junto a otros cuatro
medios, en una suite del hotel Ritz de Madrid, en la que ejerce de perfecta
anfitriona, ofreciendo algo para tomar o preocupándose por que nadie se salte
el orden a la hora de preguntar.
La escritora ha pasado tres días en España promocionando El juego de Ripper, su última novela, un thriller que nace por encargo y que traslada a los
lectores a San Francisco, ciudad en la que una astróloga televisiva ha
vaticinado que habrá un baño de sangre.
“La idea de escribir una novela policial se le ocurrió a mi agente, a
Carmen Balcells. Yo le dije que pensaba jubilarme, que ya estaba cansada y le
bajó el pánico. Y me dijo no, tienes que escribir una novela a cuatro manos con
tu marido. Y como lo que escribe Willie es novela policial, dije que me podía
acomodar a lo que él hace. Empezamos a planear una novela juntos, pero ya el
primer día vimos que no podía ser (…) Yo iba a hacer todo el trabajo y él se
iba a llevar toda la mitad del crédito. No era muy conveniente para mí. Así que
nos separamos y él empezó a escribir su sexta novela policial y yo la primera“,
explica la autora sobre el germen del texto.
No obstante, reconoce que durante su elaboración contó en todo momento
con la ayuda de su marido, el escritor William C. Gordon. “Cuando empecé a
escribir la novela, no sabía por dónde iba y él me dijo: `tiene que haber un
muerto en la primera página´. Luego, cuando empezamos a discutir distintas
partes del libro, también me ayudó a mantener el suspense. Me decía: `no puedes
decir eso ahora; si lo dices ahora, van a adivinar quién es el asesino; tienes
que guardar eso, pero tienes que poner la clave".
Para la escritora chilena, la novela policial es un contrato entre el
lector y el autor a ver quién gana. “Es un juego. Yo como autor te entrego una
historia y tengo que darte todas las claves para que tú adivines el final, pero
te tengo que distraer para que no las veas. Esas claves tienen que estar
escondidas. Y si eres un lector avispado, las vas a encontrar, no importa cómo
yo las esconda”, explica.
Allende no cree que exista una fórmula para escribir este tipo de
novelas, aunque sí que este género tiene una estructura. “Siempre vence la
justicia, hay que mantener el suspense, hay que plantear todas las claves para
que el lector las tenga, pero no las vea, distraerlo. Todo esto son
requerimientos del género”, responde la autora chilena, para después apuntillar
que en el libro hay mucha burla. “La novela está escrita con ironía. Me burlo
de las novelas escandinavas, me burlo de muchas cosas. ¿Quién va a tomar en
serio la novela policial? Es muy entretenido, pero tampoco vamos a darle un
peso transcendental”.
Gente fuerte que vence obstáculos
A pesar de atenerse a las reglas de la novela negra, muchos lectores
le han comentado a Allende que nada más empezar a leer la novela se reconoce su
voz inmediatamente. “Me ceñí al género, pero eso no significa que tenga que
escribir como Stieg Larsson. No. Es una novela que sigue siendo mía, con los
temas y personajes que a mí me interesan“. ¿Y qué personajes le interesan? “La gente fuerte que vence obstáculos.
Los marginales. Los que no están protegidos por el gran paraguas de la
sociedad. Esos son los que me interesan, porque ahí está la historia que vale
la pena contar”.
En esta ocasión, la historia está protagonizada por una sanadora
hippie, su hija adolescente y aficionada a los juegos de rol, su padre, su ex
marido (el policía que está a cargo de la investigación de los distintos
asesinatos), su amante actual, un amigo ex navy seal y el perro de este, Atila.
Ante tanta variedad, le preguntamos cómo trabaja los personajes, si se
vale de referentes que tiene a su alrededor o los busca, y si emplea fichas en
las que va anotando ideas que le ayuden posteriormente. “A veces, hay un modelo
que ya conozco. Por ejemplo, el modelo de Indiana es una sanadora argentina que
se llama Ana Cejas, una bruja buena. Otras veces necesito el personaje. Aquí
necesitaba un héroe. Pensé en un soldado. Estaba muy de moda los navy seals y
pensé en un navy seal, pero son muy secretos. A través del amigo de un amigo de
un primo conseguí un navy dispuesto a hablar. Así que me fui a Washington,
conviví con él durante tres días y le chupé la sangre. Me sirvió para el
personaje. Otras veces van saliendo a medida que los necesito. No hago una
ficha para cada uno, pero, cuando lo menciono, ya empiezo a imaginarlo: cómo
vive, cómo fue su pasado, qué le gusta, qué no le gusta".
Su propia nieta Andrea también le ha servido de inspiración para el
personaje de Amanda Martín, la joven que, con la ayuda de sus amigos del juego
de rol Ripper, ayudarán a encontrar al asesino en serie que ha secuestrado a su
propia madre. “Había empezado la novela pero no sabía hacia dónde iba. Lo único
que sabía era que quería burlarme un poco del género y que fuera una novela que
tuviera humor e ironía, y que fuera una novela de relaciones, aunque también de
crímenes. Y en eso vi a mi nieta Andrea jugando sola en la cocina con unos
naipes y unos dados. Me dijo que estaba jugando en línea a un juego de rol. Me
explicó qué era, me dijo que los otros estaban jugando por Skype. Me pareció fascinante
la idea. Ella me dio la idea del juego de Ripper, pero además el personaje se
parece mucho a Andrea cuando tenía 16-17 años”.
Preguntada si le podrían servir de inspiración las mujeres que en
Latinoamérica lideran proyectos políticos, la escritora piensa inmediatamente
en la presidenta de Chile. “La historia de Michelle
Bachelet es una novela. Ójala ella misma algún día la escriba, porque es un
personaje extraordinario. Pero, esas vidas no me pertenecen. Les pertenecen a
las personas que las están viviendo”.
El ritual del escritor
Al igual que todos sus libros, Allende comenzó a escribir El juego de
Rippler un 8 de enero. Una tradición que se remonta a su primera novela, La
casa de los espíritus. Aquella vez le fue tan bien que ha decidido no tentar a
la suerte y empezar siempre ese día, aunque ahora, nos cuenta, también hay
otras razones que le llevan a continuar con esa costumbre. “Empezar todos mis
libros el 8 de enero me permite separar mi año, tener unos meses en los que
estoy encerrada, en silencio, sola. Y como mi vida se complica mucho y todo
tiende a separarme de la escritura, si no peleo esos meses para estar sola, no
lo consigo (…). Luego trabajo siempre de día muy temprano en la mañana. Y
trabajo muchas horas seguidas hasta que la historia está totalmente contada.
Después ya puedo salir, ver gente, ir al cine, porque viene el proceso de
corregir, confirmar la documentación…”.
Para la autora chilena, nacida en Perú, pero residente desde hace 26
años en San Francisco, no hay duda de que para ser escritor hay que ser
disciplinado. “Para poder escribir un libro, todos los días te sientas y
escribes horas y horas. La mitad de eso va a parar a la basura. No se va a usar
nunca. Es como el entrenamiento de mi hijo deportista. Escribes, escribes y escribes
y de ahí saldrá una página o dos".
Otro requerimiento importante es “tener orejas para las historias“,
apunta Allende. “A veces, en forma despectiva, me dicen que soy una narradora.
Y a mí me parece tan halagador, porque el saber qué es lo que vas a iluminar,
qué es lo que vas a mantener en la sombra, qué es lo qué vas a omitir, cómo
mantener la tensión, cómo conectar con el lector… Todo eso es puro oreja. Como
el músico, es algo que no se puede enseñar… A los alumnos les puedes enseñar a
escribir, pero no les puedes enseñar a contar".
Adaptación cinematográfica
Otro medio por el que está interesada es el cine. Algunas de sus
novelas han sido ya adaptadas y no descarta que El juego de Ripper lo pueda
ser, al tratarse de una novela muy visual. “Me encantaría ver en el cine
cualquiera de mis libros, menos las memorias”,
confiesa. Eso sí, pone una condición: “tiene que ser un productor razonable y
ofrecerme un contrato razonable”.
Y es que la escritora ha tenido problemas
con los derechos de cesión de La hija de
la fortuna. “Los productores de Hollywood quieren los derechos para hacer
la película y todo lo que se les ocurra. En el mundo que conocemos y otros
mundos por descubrir. Con la tecnología que existe y la que está por inventarse”.
Además, también le exigían el copyright
de los personajes, de modo que si ella misma los volvía a utilizar, tendría que
pagarles a ellos un royalty. “Yo no puedo firmar eso”, dice taxativamente, al
mismo tiempo que anuncia que El zorro
ya está medio en producción y hay un proyecto hispano-chileno para hacer una
teleserie con Inés del alma mía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario